Cartográfia Feminista 

LUCHA POR LA VIVIENDA

La lucha por vivienda digna es la repercusión de la lucha indígena, de los esclavos y de las asociaciones campesinas que, al poblar nuestra memoria, nos hacen más resistentes. En la historia reciente de la zona oeste de la ciudad, la lucha por la vivienda se confunde con la lucha contra los derribos de casas.

Una vez que la auto construcción de la vivienda es casi como una regla, las clases populares fueron construyendo sus historias, familias y sueños en locales hasta hace poco tiempo despreciados por el resto de la ciudad. En medios del siglo XX, la zona oeste de Rio de Janeiro era el “agreste carioca”, un sitio lejano, lleno de mosquitos, serpientes y sapos. 

Con la expansión de la ciudad y la disminución del número de sapos, avanzaron las amenazas sobre nuestras vidas. En ese contexto, nacieron movimientos fuertes de resistencia, como el MUP – Movimiento Unión Popular por el Derecho a la Vivienda. El movimiento se ha modificado, pero su cultura organizativa sigue fuerte y presente en nuestras articulaciones. 

En este movimiento ya estaba presente la resistencia implacable de Vila Autódromo, una de las luchas más encarnizadas por el derecho a vivir en la región. Son varias las perspectivas de la lucha por la vivienda. Experiencias de autoconstrucción colectiva, en los conjuntos habitacionales o en las ocupaciones, donde las mujeres se organizan para la construcción colectiva o para remodelar sus hogares. Aquí, todas vivimos en cada una de nosotras. La convergencia de pautas políticas entre la agroecología y la vivienda, donde las mujeres en los movimientos populares levantaron el lema del derecho a Vivir y Plantar.

En el día que quitaron la casa y la labranza de una agricultura con un solo golpe aprendimos que nuestras agriculturas en la ciudad también estaban amenazadas. Resistir es necesario, en este quilombo ampliado que guarda la memoria de la vida y de la ascendencia, los afectos y celebraciones. Esa es nuestra lucha por el derecho a la ciudad, desde las vertientes periféricas en las que vivimos. Queremos nuestra posición de derecho y acceso publico a salud, movilidad, educación, trabajo, cultura y alimentación sana cerca de donde vivimos, y de buena calidad.